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Esencia rural, acogedor interiorismo y arquitectura popular montañesa definen a esta posada con encanto, en el corazón de Santillana del Mar, perla de la cornisa cantábrica. Arrullado por la suave brisa marina, el establecimiento, bellamente decorado con profusión de maderas, muestra una patente predilección por flores y plantas, y constituye un auténtico templo de paz y silencio. En este oasis de relax oímos las lejanas voces de nuestros antepasados que nos transportan a la era prehistórica, cuya huella ha quedado en las fascinantes pinturas de Altamira o Las Águilas. Pero más allá de esta imprescindible visita, se recomienda un recorrido por las casas palaciegas, así como por los edificios religiosos de la zona reconocidos por su alto valor histórico-cultural. Y para saciar a los exigentes apetitos: los mejores pescados y la exquisita quesada.
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