Ene 05 2009

La romántica leyenda del Jerte

Si pudisteis leer el post de hace unas semana, en el que mi amigo Fran nos daba algunas ideas para pasar un fin de semana en la Comarca de La Vera, seguro os acordaréis que quedaba algo pendiente. Aquí tenemos la segunda parte:

Bueno, pues lo prometido es deuda, así que sigo con esa parte romántica de la historia del Jerte, o quizá de la leyenda…

Lo curioso del Jerte es que nunca se puede prever la fecha exacta de la floración, porque los cerezos no entienden de calendarios. Si la primavera se adelanta, la acompañan, aunque una helada de última hora puede hacer retrasar su despertar una semana. Pero hay un aviso de navegantes: la semana mágica ronda por la festividad de San José, quizá un poco después.

Valle del Jerte

Aunque los brillos de los cerezos no deben deslumbrar y hacer olvidar todo lo que los rodea. Tanto el valle como las comarcas cercanas merecen mucho más que un paseo entre las flores. Y con esto empiezo la leyenda:

Así lo entendió hace más de cuatro siglos un poderoso Zar ruso, que quiso cambiar los fastos de la corte por un refugio donde retirarse del mundanal ruido. Cuando empezó a rondarle la idea por la cabeza, envió comisiones que recorrieran sus dominios, en busca de ese lugar soñado donde la vida discurriera con dulzura. De todas las comarcas posibles, nuestro Zar eligió La Vera, separada sólo por una cresta montañosa del Jerte. Pero existía un inconveniente, su amada esposa iba a anhelar las montañas de nieve de su residencia habitual, por lo que nuestro emperador buscó una solución de lo más original, natural, incluso mágica. Mandó plantar miles de cerezos de tal forma que desde la fortaleza construida se divisaban tal cantidad de árboles que al florecer daban la sensación de que todo el monte había sido cubierto por un manto blanco, similar al de las nevadas, este fenómeno sólo ocurre unos días al año, pero parece ser que su amada quedó tan impresionada con semejante espectáculo que compensó la espera…

Quién no ha querido tener un gesto similar con su compañer@, su amad@? Lástima no tener la capacidad adquisitiva ni el poder del Zar…

Hoy se pueden seguir fácilmente los pasos del emperador, que cruzan las cimas de Gredos por el puerto de Tornavacas, que corona el valle del Jerte. Desde las alturas, éste aparece luminoso, cubierto quizá por un millón de cerezos.

Saliéndonos un poco de los dominios de La Vera existen muchos pueblos que no debemos dejar de visitar y algunos de los cuales gozan de alojamientos privilegiados, desde lujosas casas rurales, paradores u hoteles asombrosos. Para muestra un botón: Trujillo ciudad trimilenaria, a pesar del paso del tiempo sus calles conservan el sabor de la historia en sus fachadas, de belleza ruda y pétrea.
Estas callejuelas intrincadas esconden la mayor concentración de iglesias, palacios y casonas por metro cuadrado imaginable y en el centro de todo este conjunto la Plaza Mayor destaca sobre todas las plazas del mundo, por su majestuosidad y riqueza arquitectónica, por su viejo espíritu.
Encontraremos muchos sitios donde degustar los platos típicos de la tierra, desde sus migas, sus quesos de oveja merina, sus embutidos ibéricos y un largo etcétera que nos dejará muy buen sabor de boca…
Continuaré hablando de mi tierra, La Mancha en próximos capítulos (si me dejan… :) )

 Claro, claro Fran: bienvenido seas!!!!

Hoteles en Trujillo

x Laura Categoría: Destinos, España, Experiencias de viaje

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