Como nos prometío hace unos días, LuisFer (el autor del relato sobre Cuba) nos hace llegar una primera parte de la historia de su viaje a La Amazonia. Aquí os lo dejo y espero que lo disfrutéis como yo.
DIA 31/10/2008
Llegué a las 6:40 AM a la ciudad de Lima procedente en vuelo directo de Madrid. Después de los trámites de inmigración y del semáforo verde en aduana, traté de buscar información sobre vuelos a Iquitos.
Alguien con una identificación colgada al cuello se ofreció a ayudarme.
- Ando buscando vuelo para Iquitos - le dije
- Ok, no se preocupe yo le digo las opciones. ¿Cuantos boletos?
- dos.
Hace una llamada por teléfono y me consigue información de compañías y horarios. Pregunto por los precios y lo más barato que me da es 175 USD.

OK. ¿Donde adquiero el billete?.
Sígame si es tan amable. El señor dirige sus pasos afuera de la terminal y pretende que le siga.
Oiga, ¿no es aquí dentro?.
No señor, la agencia está fuera, pero aquí una cuadra no masito.
Pero, ¿no es con la compañía aérea directamente?.
No señor, las compañías aéreas tienen sus oficinas en el centro de la ciudad, esta es la opción más cercana.
Lo siento pero no lo creo.
Me regreso sobre mis pasos a buscar las oficinas de las compañías en la terminal.
Pero señor, la agencia es mejor, las compañías aéreas sobrevenden. Me dice el tipo en último intento de conseguir consumar la estafa.
Antes que no había y ahora que sobrevenden. Contesté y añadí: Si por usted pasara mi única posibilidad no iría a Iquitos sólo por el compromiso que tengo con la sociedad de no dejar inmune la deshonestidad. Suelo soltar este discurso cuando me conviene. Si alguien insiste después de escuchar estas palabras es que no tiene, además de honestidad, ni la menor dignidad. Encontré un especimen de estas características la mañana del 31 en el aeropuerto de Lima. Todavía me decía que todos tenemos que comer. Caramba sí se come bien de la deshonestidad, pues los billetes me salieron más tarde a 113 USD; es decir, la deshonestidad cuesta al menos 124 USD. Los precios deben ser cuestión de justicia y no de la necesidad como dicta el libre mercado del neoliberalismo.
Llamé a Patty para conocer su previsión de llegada al aeropuerto.
-Son las 8:00 AM y acabo de llegar a casa - Patty trabaja en horario nocturno en un call center- dame dos horas entre que me cambio y llego al aeropuerto. Dice Patty.
- Ok. Tenemos dos opciones de horario, a las 12:00 y a las 17:00. Mejor saco los boletos de las 17:00 por si cualquier pequeña eventualidad.
- Me parece bien.
Patty apareció a las 12:05 validando la opción elegida. Había tiempo para ir al centro de Lima y saborear la exquisita comida peruana e incluso dejar parte del equipaje que arrastraba para mi estancia posterior de un mes de trabajo en México, en casa de una amiga de Patty.
Mi regreso a Lima pensé que sería un panal de sensaciones con la nostalgia como reina. La desilusión me embargó, nada me recordaba a nada. Lo que es peor, ningún sentimiento especial, ni siquiera el pequeño placer de la evasión de algún lugar escondido del cerebro y negado a la memoria tras 8 años de reclusión, de alguna nimiedad.
Comimos en un restaurante de la Plaza San Martín. Yo Picante de Camarones y Patty, Lomo Saltado. Cusqueña para ambos. De entrada unos canapés variados de mariscos y unos fríos Pisco Sours. Ahora sí me reencontraba con Lima, a través del sabor. Y como si el sabor rescatara los recuerdos de otros sentidos, en el camino de regreso al aeropuerto ví el halopécico cerro de San Cristóbal que con su fina arena marrón parece dar color a toda la ciudad, incluída la atmósfera, convirtiéndola, gracias al sustento del smog, en una ciudad opcaca. Sí ahora sí me acordaba de la opaca Lima que conocí en el 1999. Sonreí por no haber perdido la capacidad de sentir recuerdos.
A las 14:00 ya habíamos hecho el check in en el vuelo de Star Perú, Lima-Iquitos con escala en Tarapoto. El vuelo empieza a demorarse pero no dan más noticias que ‘por motivos de mantenimiento’. Siempre citándonos media hora más tarde para darnos más información y así nos llevaron hasta las 21:30 que dicen que se cancela el vuelo y nos reubican en otro al día siguiente a las 7:00 am. Entre quejas, protestas, amago de motín incluído y denuncia, conseguimos un hotel pagado por la Star Perú a la 1:00 am. 4 horas en una cama, después de 48 horas eran tan deseadas como insuficientes.
DIA 01/11/2008

A las 7:00 am del 1 de Noviembre de 2008 despegaba el avión rumbo a Iquitos con un ramillete de rostros sonrientes a pesar del trastorno. Dicen que no hay mal que por bien no venga. El vuelo de las 17:00 del día anterior, hubiera transportado pasajeros anónimos, el vuelo que finalmente tomamos, transportaba un montón de amigos. Bromas y risas a coro. Trajín en el pasillo, brindis,… y algún intercambio de teléfono. Como fue mi caso con José. Un jubilado que disfrutaba temporadas pescando en Requena, cerca del encuentro del Ucayali con el Marañón para convertirse en Amazonas por primera vez., nombre que pierde al cruzar a Brasil, donde lo llaman Solimôes. No vuelve a ser Amazonas hasta Manaus, cuando se encuentra con el Rio Negro y así seguir amazonas hasta Belén en el Pará brasileiro.
A nuestra llegada a Iquitos, José nos vino muy bien para protegernos de la marabunta que ofrece taxi, lodge de serlva, tours y que casi te llevan en volandas. Ya lo había sufrido en otras dos ocasiones y esta vez nos protegió José. La compañía de un tipo con aspecto de local les hace pensar que pierden su tiempo. José, Patty y yo compartimos el taxi a Iquitos. José negoció el precio. 10 soles debía pagar por Patty y por mí para que nos llevara hasta la plaza de armas de Iquitos. Lo que pagaría José quedó en el misterio. Me apuesto a que nada. En el trayecto el taxista nos hizo unas recomendaciones interesantes para ir a la selva, lejos de Iquitos, mucho más allá de los 50 kms a la redonda de selva secundaria donde se quedan la mayor parte de turistas. Podía ser la reserva Pakaya -Samiria, pero lejos del encuentro de los ríos. Nos ofreció no un negocio al uso, sino un guía de expediciones. El joven Percy, perteneciente a la etnia de los Compas, de los que más tarde hablaré.
Percy nos presupuestó 1,800 soles cada uno por una expedición de 6 días. 300 soles por día. No regateé y se lo apunté. A cambio de aceptar el precio que él me daba sin bajarle un solo sol, me reservaba la opción de discutir cada noche el plan del siguiente día con él. Ambos aceptamos. Pagamos el taxi y lo cambiamos por el motocarro de Carlos, el hermano de Percy. Mientras Percy hacía los preparativos del viaje, Patty y yo nos fuimos con Carlos a almorzar.
Algunas ciudades tienen algo que las caracteriza, un monumento, un color, un olor incluso. Iquitos es un sonido, el de un ejambre de motocarros disputándose el espacio en movimientos erráticos pero hábiles.
Almorzamos en el restaurante Romina. En la carta no figuraba mi favorito en Iquitos, que es el chicharrón de lagarto. Trocitos de cocodrilo adobados y fritos. Pero tenían otro de mis favoritos. Paiche. Se trata del mayor pez de agua dulce, puede llegar a medir 5 mts de longitud. En Brasil se conoce por Pirarucú. Paiche a lo macho, pues. Pez chico come pez grande esta vez. Me resultó gracioso ver en la carta ‘pollo a la coca-cola’. De entrada pedimos un cebiche , el cual servían con una alga llamada yuyo, que junto al rocoto, que no suelen viajar, hacen la diferencia entre un cebiche peruano de fuera y de dentro de Perú. Aunque en Iquitos es algo distinto que en Lima. En Iquitos no lo suelen servir con rocoto, en su defecto lo acompañan con ají aparte, y en lugar de camote (boniato o batata), usan la top one de la selva, la Yuca. Mientras que en la emisora de radio que ambienta el restaurante suenan los éxitos amazónicos de ayer y de hoy. Agua Marina o lo mismo que decir los reyes de la Cumbia y las nuevas glorias como Kaliente y Explosión. Estos dos últimos grupos se convertirán en la banda sonora de mi viaje a la amzonia peruana del 2008. Para beber, agua de carambola mientras llega la comida y más tarde Pilsen como apoyo para engullir el Paiche.

Después del almuerzo nos fuimos al barrio bajo de la ciudad, a Belén. En este caso coincide la altitud con la clase social, abarcando todos los sentidos de la nomenclatura. El barrio de Belén es buen exponente del Barroco-pobreza, con infinidad de formas, colores, remiendos, parches y chapuzas con los que se prodiga la escasez. Todo en madera, el material más barato en la selva, y con tacones a lo palafito. El barrio de Belén cuenta con un abigarrado mercado donde vienen a vender todos los ribereños que arriban con el fruto de su trabajo en pequeños botes. En el mercado de Belén se encutnran los precios más bajos. Debido a que las clases menos míseras no gustan de frecuentrar Belén, favorecen un segundo escalón de comerciantes intermediarios entre Belén y los recelosos de la pobreza, ubicados en las partes más nobles y altas de la Ciudad. El mercado de Belén es un auténtico museo amazónico de biodiversidad y cultura. Infinidad de peces conservados en sal, aves de todos los colores y credos, monos, tortugas vivas o muertas o incluso listas para consumir. Cocodrilos, roedores, mamíferos,… frutas, chichas y vegetales de todos los colores y nombres imposibles de pronunciar algunos y casi todos de recordar. Salsas, especias y remedios para todo en botellita de cristal: para los celos, la calvicie, el dolor de cabeza, la impotencia sexual (estos estaban en gran variedad, RC- rompe calzón; TRT -toma remanga y tira; SVSS -siete veces sin sacar-,…), el alcoholismo, la infertilidad, el cáncer,…Utensilios de cocina, herramientas para labranza y amuletos. Amuletos específicos y de todo tipo: Ojo de bufeo, diente de lagarto, cabeza de Anaconda, costillas de Paiche,…
Por 10 soles dimos un paseo en bote por el río Itaya, donde las casas de Belén remojan sus pies y ofrecen una hermosa perspectiva de Barroco-pobreza.
A las 15:30 Carlos nos llevó de vuelta a la casa de Percy, donde ya todo estaba listo para levar anclas. Recogimos nuestro equipaje y nos dirigimos con Percy al embarcadero de Buenavista-Nanai, donde realmente estaban las anclas o mejor dicho, el amarre de ‘El valiente’. Un bote de madera, techado con hojas de plamera, con un motor fuera borda Yamaha, no recuerdo la cilindrada. Muy común en estas latitudes. En ‘el Valiente’ esperaban junto con víveres, agua, hamacas, gasolina, mosquiteras y machete, la joven Margarita con el rol de cocinera y su padrastro 8 años mayor Shego (de Segundo), hombre para todo. Criado en la selva y capacitado por los Matseses, comunidad indígena entre Requena y la frontera de Brasil, de los cuales hablaré más adelante, donde mejor procede.
Amarramos las hamacas dentro del bote y soltamos el amarre del embarcadero. Si sumas lo plácido de la hamaca, el vaivén del bote, la cadencia repetitiva y monótona del motor enguyendo cualquier otro ruido desacompasado y la falta de sueño, hicieron que entrara en lo más profundo del reino de Morfeo. Cuando desperté la tarde estaba declinando y se escuchaba una animada y risueña conversación de 4 ó 5 personas a unos 10 metros. Salí de la hamaca y Margarita estaba sentada. ¿Dónde estamos? Pregunté recontradesubicado. Estamos en Padre Cocha. Contestó Margarita. Patty seguía durmiendo y Shego, que participaba de la alegre conversación, se había percatado que me había levantado y vino a ofrecerme un paseo por el pueblo. Dejamos a Patty durmiendo y a Margarita en ‘El Valiente’ amarrado al embarcadero de un pequeño bar flotante y nos fuimos a conocer Padre Cocha. Cocha es la forma de decir lago en Quechua.
Aunque la luz de la tarde se iba atenuando, aún había una multitud disfrutando del fútbol, voleiball o simplemente tumbados en la hierba mirando los juegos o saboreando cualqueira de los infinitos jugos, con un dulce de maiz, yuca o plátano frito. Padre Cocha es un pueblo encaramado en una lomita que aspira a tener luz eléctrica, pero de momento tiene generador de gasolina comunitario. Debe ser uno de los pueblos mayores de los alrededores y sin duda el mayor que yo ví., aunque no sabría precisar sus habitantes. Las casas son de madera y en la calle hay una senda de cemento de un metro y medio de anchura, por donde caminar en la época de lluvias.
No hay comunidad, de las muchas que vimos, que no tuviera una canchita de fútbol, incluso algunas comunidades de 2 ó 3 casas. Y gustan de retar bajo apuesta, a los visitantes. Padre Cocha tiene dos canchas. Una grande y de hierba donde jugar en la época seca y otra de cemento, más pequeña y con un pequeño graderío, donde jugar siempre, incluso cuando llueve. En la cancha encontramos al joven Percy jugándose su solcito. Cuando ya la tarde agonizaba y solo los más jóvenes retaban a la escasa luz, volvimos al embarcadero a tomar un baño en el río, cambiarnos y prepararnos para la cena. Después del baño, mientras nos secaba la brisa, remojamos el gaznate con unas pilsen de 650 mls, que es el tamaño típico de la amazonia peruana. Mientras comenzaba a familiarizarme con los ritmos amazónicos de Explosión y Kaliente. Patty despertó y entonces nos dirigimos a Padre Cocha con nuestras mochilas. Pasaríamos la noche en un sencillo hotelito de madera. Patty prefirió la ducha del hotelito al baño en el río. Aproveché para repetir baño, esta vez con jabón. Una vez listos, nos reunimos con Percy, Shego y el que se unía como motorista del viaje en ese momento, Juan. También estaba Chanchito, orgulloso motorista de peque-peque, ruidosa y lenta embarcación de pasajeros que recibe un nombre onomatopéyico.
La cena consistió en Yambino frito, un tipo de pescaito del tamaño del Salmonete, con dos Juanes. Los Juanes son muy típicos de la zona y consisten en una especie de tamal de arroz. Para beber una enorme jarra de dulcísimo jugo de piña. Era sábado noche y los chicos nos propusieron ir a la discoteca después de la cena, pero mi cuerpo maltrecho de energía pedía recarga urgente y suficiente para afrontar con garantías de deleite la jornada siguiente…
Enlaces relacionados:
Hoteles en Lima
Vuelos a Lima
Vuelos a Iquitos




[...] entrega engancha y emociona más. Habrá más en los próximos días. Aquí os dejo el enlace a Crónica de un viaje a La Amazonia (Primera Parte), para retomar desde el punto en el que LuisFer renunciaba a una noche en discoteca, para recargar [...]
Pingback por Crónica de un viaje a La Amazonia (Segunda Parte) | Espíritu Nómada — Enero 30, 2009 @ 6:42 pm
[...] su estilo y su humor.También os quiero recordar todos los episodios, desde el principio… 1. Crónica de un viaje a La Amazonia (Primera Parte) 2. Crónica de un viaje a La Amazonia (Segunda parte) 3. Crónica de un viaje a La Amazonia (Tercera [...]
Pingback por Crónica de un viaje a La Amazonia (Punto y final) | Espíritu Nómada — Febrero 14, 2009 @ 1:13 am