He decidido publicar el relato de los últimos días de este viaje increible…y lo haré de golpe, para que, como yo, no dejéis de leer hasta saber cómo se caba.
¡Qué lo disfrutéis! y ojalá LuisFer se animara a enviarnos muchas más aventuras ‘de las suyas’ porque ya nos ha enamorado su estilo y su humor.También os quiero recordar todos los episodios, desde el principio…
1. Crónica de un viaje a La Amazonia (Primera Parte)
2. Crónica de un viaje a La Amazonia (Segunda parte)
3. Crónica de un viaje a La Amazonia (Tercera Parte)
4. Crónica de un viaje a La Amazonia (Cuarta Parte)
DIA 6/11/2008
Dormí hasta casi las 8:00 am y cuando desperté el desayuno estaba listo. Margarita había preparado café y tortitas de harina. Mientras desayunábamos un camaleón posó para nosotros con su estrafalario traje.
Una vez desayunados seguimos navegando el Taguayo hasta la Cocha Charo, en verano se seca por completo lo que aprovecha la gente para cultivar yuca. Estábamos a final de verano y las lluvias ya habían comenzado a llenar el lago.
Antes de llegar a la cocha recogimos en la comunidad de ‘La esperanza’ a Len, un amigo del joven Percy, experto pescador. Una vez en el lago, una familia amiga del joven Percy nos prestó dos canoas para pescar. Estuvimos pescando primero la carnada para las pirañas con pan. Sardinas, peces tigre y bagres. Una vez conseguida la carnada nos dispusimos a pescar piraña. Len quería pescar Tucunaré, uno de los pescados más apreciados de la región,
pero para ello había que remar media hora de ida y media de vuelta y en hora y media estaba previsto el almuerzo por lo que la elección estaba en dedicar media hora a la pesca de
Tucunaré u hora y media de piraña, decidimos finalmente lo segundo. No podíamos demorarnos más de la hora y media porque en la tarde estaba previsto llegar hasta un lugar donde había gigantes Victorias Regias (Nenúfares para los payos), para lo que había que hacer parte en bote y parte caminando sin demora para que no nos sorprendiera la noche. Así pues, nos limitamos a la captura de piraña, el resultado fue de 12 entre todos, si bien 3 fueron reinvertidas como carnada para las otras pirañas y es que la piraña no respeta ni piraña.

Para el almuerzo nos esperaba una sorpresa, el joven Percy nos había conseguido unos exquisitos Tucunarés, los cuales ya habían sido cocinados por Margarita acompañados de plátano verde frito y arroz. Causa admiración la pasión que Margarita pone en su trabajo de cocinera. Le encanta cocinar y lo hace todo con mucha paciencia y con el alma. A pesar de que con el negocio del joven Percy su trabajo es eventual, lo prefiere a lo que hacía antes.
Con percy gana 30 soles diarios cada vez que hay trabajo y sólo tiene que cocinar a diferencia de su anterior trabajo de interna 7 días a la semana durmiendo 3 horas en la noche y el resto a retales por el día por 100 soles mensuales. Naturalmente no hay color entre su trabajo con el joven Percy en el que gana más que antes con solo 4 días de trabajo, pero según cuenta Margarita es el trato de persona e incluso de amiga que el joven Percy le dispensa.
Durante el almuerzo disfrutamos del espectáculo de las activas oropéndolas u orioles en un árbol plagado de sus inconfundibles nidos en forma de bolsas colgantes. Suelen hacer sus nidos
en un árbol que suele ser más alto que el resto, rodeado de vegetación más baja, de manera que sus nidos colgantes quedan bien visibles y a su vez a ellos también les da visibilidad en dicha atalaya, de manera que puedan descubrir depredadores al acecho. Esta visibilidad unido al hecho de que en el mismo árbol en que anidan siempre hay panales de shiro-shiro, que son abejas de potente picadura, les confiere buena defensa de sus depredadores, que son monos y el hombre principalmente. Los orioles son pájaros muy curiosos. De plumaje amarillo y alas negras, imitan como protección a otras aves mayores como halcones o águilas o con pico más fuerte como pericos y pagagayos y hasta imitan a las ranas.
Tan pronto hubimos almorzado nos embarcamos en ‘EL VALIENTE’ rumbo a las gigantescas victorias regias, volviendo sobre nuestros pasos por el río Taguayo hasta La Esperanza. La Esperanza es una comunidad a ambos lados del Taguayo. Para llegar a las victorias regias había que hacerlo por la margen izquierda, mientras que Len, en cuya casa nos alojaríamos esa noche, vivía en la margen derecha. Durante el trayecto por el río una Mama Vieja parecía querer jugar con nosotros. Cuando el bote pasaba a su altura arrancaba en vuelo y se posaba unos metros más al frente y esperaba a que el bote llegara para repetir el juego. Es un águila carroñera que parece tener un collar negro sobresaltando en una cabeza de plumaje blanco. No conozco el nombre payo, pero los indígenas la bautizaron como Mama Vieja por ser carroñera, o como ellos dicen, perezosa para cazar. También nos deleitó el viaje un gavilán cabeza amarilla.

Cuando llegamos a La Esperanza sólo Shego y yo fuimos con Len en busca de las gigantes victorias Regias desembarcando por la margen izquierda mientras el resto se quedaba en casa de Len en la margen derecha, preparando las acomodaciones. Después de una caminata de media hora por fértiles tierras repletas de bananos, Guabas, Yuca, frijol, maíz, mamey, etc,… llegamos hasta una quebrada la cual debíamos cruzar, pero no había allí canoa para hacerlo. Teníamos la esperanza de que alguien anduviera allí pescando con canoa, pues es la hora para ello, pero no fue así, sólo había tres felices niños disfrutando del baño en un marco incomparable. Comenta Len que donde se estaban bañando los niños hay caimanes en el fondo pero nunca atacan dentro del agua. Necesitan sentir la cola en la superficie. Esperamos por 15 minutos que apareciese una canoa que nunca apareció y nos tuvimos que volver sin ver las grandes victorias regias, no obstante el paseo nos obsequió con un tucán y una pareja de románticos papagayos. Me gusta más como los llaman en Brasil, que es Arara. Las araras son fieles a su pareja hasta la muerte y como Romeo y Julieta se necesitan tanto que uno no puede vivir sin el otro, de manera que la muerte les llega a ambos el mismo día, puesto que si uno muere su pareja se suicida. Vuela lo más alto que puede y entonces cierra las alas y los ojos para reunirse con su amada pareja.
El camino de vuelta a La Esperanza también nos obsequió con la degustación de una sabrosísima Guaba. La Guaba es una vaina de aproximadamente medio metro que esconde unas semillas negras envueltas en una especie de capa blanca parecida al algodón que es lo que se come y tiene un sabor dulce y riquísimo. Como no hay rosa sin espinas, hay que tener cuidado con la guaba porque suele estar rodeada de Pucecura, que es una especie de hormiga diminuta pero que pica como un demonio. También vimos los hornos de barro rematados en la blandona o plancha circular cóncava donde se torra la yuca en el proceso de elaboración de la fariña. Mientras que la margen derecha de La Esperanza es un grupo de casas juntas que constituyen un pueblo, en la margen izquierda las casas se encuentran más diseminadas, pero todas en la orilla del mismo camino, camino muy transitado por gente que va y viene en su quehacer.
Una de las cosas que más me gustan de la selva o de la gente de la selva, es que no eres invisible como en la sociedad ‘civilizada’. Todo aquel con el que te encuentras enfatiza tu existencia con el obsequio de una cristalina sonrisa. Te hacen sentir el pequeño placer de pensar que eres valioso hasta el punto de merecer esas generosas sonrisas. Otra cosa que me encanta son las mujeres de la selva. Son de una hermosura natural sin par y están sazonadas de una simpatía que las hace adorables. Además carecen de la encima que magnifica el sexo y también de la que lo dramatiza. No hubiera esperado tanto del paraíso. Quien explota bien ese paraíso es el Joven Percy, que como los piratas, en cada puerto tiene una mujer.
Len siempre camina con un rifle del que dice ya no separarse jamás y argumenta situaciones en las que lo necesitaba y no lo tenía y que no le volverá a pasar, como cuando vio un Otorongo ( Otorongo es como denominan aquí al Jaguar) que a sus rugidos temblaba el suelo, se le paralizaron las piernas. De suerte el Otorongo no quiso comérselo ese día
Sin haber visto las grandes Victorias Regias, pero con la satisfacción de un bello paseo nos encaminamos a La Esperanza de la margen derecha. Allí encontramos al resto de compañeros jugando al Voleibol bajo apuesta. Los equipos eran mixtos y tengo que decir que las mujeres jugaban mejor que los hombres. Después del Voleibol fuimos a una especie de barcito donde vendían cerveza pilsen callao e Iquiteña. Al pedir cerveza, caliente por supuesto, la dueña encendió el motor generador de electricidad para poner música. Como no, los ritmos amazónicos de Kaliente y Explosion. Aproveché el generador para cargar la batería de mi cámara (snif, snif). Con las luces del bar acudieron rápidamente una legión de mosquitos y niños, algunos de los cuales nos obsequiaron con divertidos bailes, los niños me refiero. Cuando la cena estaba lista volvimos a la casa de Len, después de consumir 25 soles de cerveza entre el joven Percy, Shego, Patty y yo. Las cervezas son de 650 ml típicas amazónicas. En la selva cuestan 5 soles mientras en la ciudad cuestan 2.5, lógicamente la diferencia la aporta la dificultad del transporte. La cena consistía en arroz a la cubana, me abstuve porque aún me sentía lleno del tucunaré. Después de la cena colocamos música de mi Ipode, gracias a unos altavoces a pilas que compré en el aeropuerto. Mostré a mis compañeros peruanos una muestra de nuestra cultura musical, flamenco principalmente. Se mostraron muy interesados en la historia y cultura gitana. Les resulta muy curioso que en Europa se haya dado una etnia nómada. Con música, cigarro a dólar cinco y cerveza caliente nos dieron las 10 y las 11, las 12, la 1, las 2, las 3 y hasta las 4 de la mañana sacrificando el segundo intento programado para el día siguiente de ver las grandes Victorias Regias.
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