Mirando los cuernos, en Marruecos
Lo bueno de tener amigos que viajan por el mundo, como nosotros, es poder compartir experiencias. Sobre todo cuando alguien te habla de un destino que no conoces, resulta especialmente interesante.
Gracias al relato de un amigo, volvemos a Marruecos.
José Carlos, con tu experiencia en este destino, ya puedes ir añadiendo comentarios!!!
Ver también ‘Marruecos: tan cerca y tan lejos’, ‘Viajar en coche por Marruecos (I)’ y ‘Viajar en coche por Marruecos (II)’
Hace 2 años, por estas fechas, se me ocurrió que no quería pasar otra nochevieja en Madrid, ni en España, necesitaba algo diferente y estaba dispuesto a hacerlo incluso solo… quería algo que no fuera nada navideño, a ser posible un viaje distinto a los que hasta entonces había hecho…
Siempre me había llamado la atención nuestro país vecino: Marruecos. Era una asignatura pendiente y encajaba con la idea de viaje que tenía en mente… Al ir formándose ya esa aventura y al comentarlo con amigos de distintas procedencias y orígenes de España, llegamos a juntarnos 5 personas de varias ciudades y que casi me tenían solo a mí como punto en común, pintaba bien… siempre los ‘preparativos’ me ilusionaron casi tanto como el propio viaje…
La duda ahora estaba en saber qué zona exactamente de Marruecos visitaríamos, pregunté a gente, navegué por páginas de viajes, blogs, experiencias personales y después de dudar entre Casablanca, Marrakech, el desierto, etc nos decantamos por la zona de El Rif y más concretamente Xauen, todo el mundo que había estado allí me decía: ‘tienes que ir a conocerlo, el resto de sitios pueden esperar…’

Así que llegó la fecha y partimos para allá con una mezcla de ilusión y nervios como si fuera nuestro viaje de fin de curso, sabíamos que era algo diferente.
Llegamos al aeropuerto de Tánger y comenzamos a ver que estábamos en un sitio peculiar, recordaba a aquellas películas clásicas la forma de desembarcar en plena pista y a la hora de coger un taxi y después de 30 minutos de regateos entre varios taxistas convencimos al dueño de un Mercedes con 25 años y 800.000 kms a que nos llevara a los 5 (+ el taxista, obvio) por 60 euros y un trayecto de más de hora y media. El camino fue muy interesante, pasamos por una feria de cordero (jaury), animal muy apreciado y cotizado en la zona…
Por fin estábamos allí, pronto nos asaltaron lugareños ofreciéndonos todo tipo de productos, el más común el polen o el kifi, muy demandado por los turistas de por allí. Pero en ese momento yo estaba maravillado por el sitio al que habíamos llegado, ahora explico un poco los orígenes.
Chaouen, ciudad santa del Islam fue fundada en el siglo XV por los nazaríes granadinos y es fiel reflejo de su paraíso perdido; sueño revivido de calles tortuosas, mezquitas centenarias y murmullo de agua entre sus viejas piedras. El origen de Chaouen data de la época de la reconquista de Granada, Moulay Ali Ibn Rachid tras luchar contra los cristianos en la península Ibérica se trasladó al norte de África para defender las plazas costeras desde la protección de las montañas del Rif.
Chefchaouen significa “Mirando los cuernos”, haciendo referencia a las dos crestas que la dominan, cuyas laderas han sabido aprovechar sus habitantes con calles en pendiente de arquitectura andalusí blanca y añil, adarves, casas con patio y tejados a dos aguas.

La influencia andaluza está omnipresente en sus calles, sus casas blancas y las ventanas pintadas de azul. La ciudad está formada por 2 partes: la ciudad moderna y la medina. Como toda ciudad marroquí, la medina está en su corazón y hay que cruzar una de sus 7 puertas para descubrirla.
La plaza de Uta Al Hamman está considerada el mirador de la ciudad y a cualquier hora del dia se llena de personas que deambulan o se relajan en los diferentes cafetines donde se puede degustar un vaso de té a la menta, unos pinchitos o comerte un tajine.
Al otro lado de la plaza se encuentra la Kasbah, construida en el siglo XVII por Moulay Ismail para defender la ciudad. Dentro de sus muros hay un jardín y actualmente el museo etnológico de Chaouen, que contiene una importante colección de arte popular del norte de Marruecos (instrumentos musicales, armas, cerámica, cofres de madera, bordados, etc.).
Nuestra intención era visitar más lugares cercanos, como Fez, pero el acogimiento tremendamente caluroso de la gente, la paz que se respiraba en cada rincón, las maravillosas vistas y todo lo que había por conocer allí nos animaron a quedarnos y ni siquiera volver a plantearnos movernos de allí.
He hablado de los sitios y el origen de la ciudad, pero lo que mejor sabor de boca nos dejó fueron sus gentes, increíblemente acogedoras, sin descontar que llega a ser agobiante la ofrenda de productos de mil tipos y la llamada oficial de ‘amigo’ que puede llegar a marear… Conocimos a tantas personas encantadoras, de varias edades, muy religiosas o menos, de muchas profesiones pero todas con un denominador común: la amabilidad y el trato cercano. Con esto quiero resaltar que es importante un viaje así para romper con muchos tópicos que se van cociendo a fuego lento a lo largo de nuestras vidas y sin darnos cuenta damos por verdaderas muchas afirmaciones y encasillamos indebidamente ciertas culturas. Una de las cosas que más nos dolió al despedirnos de Xauen fue decir adiós a gente que nos había invitado a cordero a su casa a sabiendas de que estarían mucho tiempo ‘malcomiendo’ (coincidimos con la fiesta sagrada del cordero y allí las familias llegan a endeudarse para conseguir uno).

También visitamos agricultores de la zona donde nos enseñaron cómo elaboraban esa sustancia tan demandada en nuestro país: el polen. Nos dejaron incluso participar en el apaleo de las plantas, nos invitaron a pan con aceite obtenido por ellos mismos mediante métodos tradicionales y también a un te con menta que jamás he probado ni probaré tan bueno… Esto puede parecer una aventura insegura (tuvimos que subir haciendo auto-stop y nos alejamos mucho de la civilización) pero tengo que resaltar que en Xauen hay policía expresamente para cuidar de ‘las visitas’ y que no entra dentro de su mentalidad hacerte ninguna ‘faena’ que tarde o temprano les acabará repercutiendo negativamente a ellos mismos de una u otra forma…
Salimos de allí con la promesa de volver más días y más preparados, con un vehículo para hacer alguna ruta y por supuesto regresar a esa ciudad situada entre 2 colinas que nos enseñó que ‘la prisa mata’, que no es necesario llevar una vida tan material para ser feliz y que tenemos unos vecinos tremendamente acogedores y que cuidan al turista hasta el extremo…
Enlaces relacionados:



