Dic 04 2008

Mirando los cuernos, en Marruecos

Lo bueno de tener amigos que viajan por el mundo, como nosotros, es poder compartir experiencias. Sobre todo cuando alguien te habla de un destino que no conoces, resulta especialmente interesante.
Gracias al relato de un amigo, volvemos a Marruecos.
José Carlos, con tu experiencia en este destino, ya puedes ir añadiendo comentarios!!!
Ver también ‘Marruecos: tan cerca y tan lejos’, ‘Viajar en coche por Marruecos (I)’ y ‘Viajar en coche por Marruecos (II)’

Hace 2 años, por estas fechas, se me ocurrió que no quería pasar otra nochevieja en Madrid, ni en España, necesitaba algo diferente y estaba dispuesto a hacerlo incluso solo… quería algo que no fuera nada navideño, a ser posible un viaje distinto a los que hasta entonces había hecho…

Siempre me había llamado la atención nuestro país vecino: Marruecos. Era una asignatura pendiente y encajaba con la idea de viaje que tenía en mente… Al ir formándose ya esa aventura y al comentarlo con amigos de distintas procedencias y orígenes de España, llegamos a juntarnos 5 personas de varias ciudades y que casi me tenían solo a mí como punto en común, pintaba bien… siempre los ‘preparativos’ me ilusionaron casi tanto como el propio viaje…

La duda ahora estaba en saber qué zona exactamente de Marruecos visitaríamos, pregunté a gente, navegué por páginas de viajes, blogs, experiencias personales y después de dudar entre Casablanca, Marrakech, el desierto, etc nos decantamos por la zona de El Rif y más concretamente Xauen, todo el mundo que había estado allí me decía: ‘tienes que ir a conocerlo, el resto de sitios pueden esperar…’

Xauen

Así que llegó la fecha y partimos para allá con una mezcla de ilusión y nervios como si fuera nuestro viaje de fin de curso, sabíamos que era algo diferente.

Llegamos al aeropuerto de Tánger y comenzamos a ver que estábamos en un sitio peculiar, recordaba a aquellas películas clásicas la forma de desembarcar en plena pista y a la hora de coger un taxi y después de 30 minutos de regateos entre varios taxistas convencimos al dueño de un Mercedes con 25 años y 800.000 kms a que nos llevara a los 5 (+ el taxista, obvio) por 60 euros y un trayecto de más de hora y media. El camino fue muy interesante, pasamos por una feria de cordero (jaury), animal muy apreciado y cotizado en la zona…

Por fin estábamos allí, pronto nos asaltaron lugareños ofreciéndonos todo tipo de productos, el más común el polen o el kifi, muy demandado por los turistas de por allí. Pero en ese momento yo estaba maravillado por el sitio al que habíamos llegado, ahora explico un poco los orígenes.

Chaouen, ciudad santa del Islam fue fundada en el siglo XV por los nazaríes granadinos y es fiel reflejo de su paraíso perdido; sueño revivido de calles tortuosas, mezquitas centenarias y murmullo de agua entre sus viejas piedras. El origen de Chaouen data de la época de la reconquista de Granada, Moulay Ali Ibn Rachid tras luchar contra los cristianos en la península Ibérica se trasladó al norte de África para defender las plazas costeras desde la protección de las montañas del Rif.
Chefchaouen significa “Mirando los cuernos”, haciendo referencia a las dos crestas que la dominan, cuyas laderas han sabido aprovechar sus habitantes con calles en pendiente de arquitectura andalusí blanca y añil, adarves, casas con patio y tejados a dos aguas.

Xauen 2

La influencia andaluza está omnipresente en sus calles, sus casas blancas y las ventanas pintadas de azul. La ciudad está formada por 2 partes: la ciudad moderna y la medina. Como toda ciudad marroquí, la medina está en su corazón y hay que cruzar una de sus 7 puertas para descubrirla.

La plaza de Uta Al Hamman está considerada el mirador de la ciudad y a cualquier hora del dia se llena de personas que deambulan o se relajan en los diferentes cafetines donde se puede degustar un vaso de té a la menta, unos pinchitos o comerte un tajine.

Al otro lado de la plaza se encuentra la Kasbah, construida en el siglo XVII por Moulay Ismail para defender la ciudad. Dentro de sus muros hay un jardín y actualmente el museo etnológico de Chaouen, que contiene una importante colección de arte popular del norte de Marruecos (instrumentos musicales, armas, cerámica, cofres de madera, bordados, etc.).

Nuestra intención era visitar más lugares cercanos, como Fez, pero el acogimiento tremendamente caluroso de la gente, la paz que se respiraba en cada rincón, las maravillosas vistas y todo lo que había por conocer allí nos animaron a quedarnos y ni siquiera volver a plantearnos movernos de allí.

He hablado de los sitios y el origen de la ciudad, pero lo que mejor sabor de boca nos dejó fueron sus gentes, increíblemente acogedoras, sin descontar que llega a ser agobiante la ofrenda de productos de mil tipos y la llamada oficial de ‘amigo’ que puede llegar a marear… Conocimos a tantas personas encantadoras, de varias edades, muy religiosas o menos, de muchas profesiones pero todas con un denominador común: la amabilidad y el trato cercano. Con esto quiero resaltar que es importante un viaje así para romper con muchos tópicos que se van cociendo a fuego lento a lo largo de nuestras vidas y sin darnos cuenta damos por verdaderas muchas afirmaciones y encasillamos indebidamente ciertas culturas. Una de las cosas que más nos dolió al despedirnos de Xauen fue decir adiós a gente que nos había invitado a cordero a su casa a sabiendas de que estarían mucho tiempo ‘malcomiendo’ (coincidimos con la fiesta sagrada del cordero y allí las familias llegan a endeudarse para conseguir uno).

Xauen

 También visitamos agricultores de la zona donde nos enseñaron cómo elaboraban esa sustancia tan demandada en nuestro país: el polen. Nos dejaron incluso participar en el apaleo de las plantas, nos invitaron a pan con aceite obtenido por ellos mismos mediante métodos tradicionales y también a un te con menta que jamás he probado ni probaré tan bueno… Esto puede parecer una aventura insegura (tuvimos que subir haciendo auto-stop y nos alejamos mucho de la civilización) pero tengo que resaltar que en Xauen hay policía expresamente para cuidar de ‘las visitas’ y que no entra dentro de su mentalidad hacerte ninguna ‘faena’ que tarde o temprano les acabará repercutiendo negativamente a ellos mismos de una u otra forma…

Salimos de allí con la promesa de volver más días y más preparados, con un vehículo para hacer alguna ruta y por supuesto regresar a esa ciudad situada entre 2 colinas que nos enseñó que ‘la prisa mata’, que no es necesario llevar una vida tan material para ser feliz y que tenemos unos vecinos tremendamente acogedores y que cuidan al turista hasta el extremo…

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Guardado en: Destinos, Experiencias de viaje, Marruecos por Laura – 3:58 pm | 2 comentarios
Ago 22 2008

Viajar en coche por Marruecos (II)

Tánger, Chefchaouen y Volúbilis

En esta primera jornada Marroquí tenemos previsto visitar la ciudad de Chefchaouen, las ruinas romanas de Volúbilis y llegar a dormir a Fez. En total unos 320Km. A priori no parece mucho, pero la red de carreteras no permite ni mucho menos acercarse a la velocidad media a la que estamos acostumbrados en la península. Por ello iniciamos temprano esta jornada, bueno en realidad no tanto, pero con el cambio de hora parece más.

Por entonces la diferencia horaria con España era de dos horas por el cambio de hora de verano.Desde 2008 Marruecos también hace el cambio de hora veraniego, por lo que la diferencia horaria ya será siempre de una hora.

Desayunamos bien, montamos las emisoras en los coches que resultarán imprescindibles en caso de viajar más de un vehículo e iniciamos camino en dirección a Teouan para alcanzar nuestra primera parada: Chefchaouen.

En menos de dos horas llegamos a Chefchauen, este primer contacto con las carreteras del interior del país, nos hace darnos cuenta que toda precaución es poca, la señalización es escasa, las carreteras estrechas y el parque automovilístico muy anticuado.

Pensión “la Castellana” - Chefchaouen

Chefchauen o Chauen (según en qué mapa se mire) es una pequeña ciudad de aspecto medieval en mitad de las montañas del Rif. Sus paredes encaladas en brillante Blanco y Azul con las montañas al fondo hacen creer al visitante que está paseando por una postal hecha realidad. El intricado trazado de sus callejuelas recuerda algunos pueblos andaluces, más aún teniendo en cuenta que muchos de sus habitantes saben hablar español, cosas de los protectorados!

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Guardado en: Consejos de viaje, Experiencias de viaje, Marruecos por José Carlos – 11:51 am | 1 comentario
May 25 2008

Viajar en coche por Marruecos (I)

Tánger

Como escribía en un post anterior, aquí comienza esta miniserie con anécdotas experiencias y algún consejo para viajar por Marruecos en coche.

Como hilo conductor, seguiremos el trayecto que hace algunos años hicimos algunos amigos con nuestras respectivas familias, en total cinco coches, 9 adultos y 7 chavales de entre siete y quince años.

El salto de continente lo hicimos desde Tarifa a Tánger. Cruzar el estrecho en Fast-Ferry es una experiencia tan fugaz que apenas da tiempo para recordar los detalles. Mientras se rellenan las correspondientes fichas por pasajero y vehículo y se sellan los pasaportes a bordo, ya se están realizando las maniobras de atraque en el puerto de Tánger. Algunos dicen que es fácil ver delfines escoltando al barco durante la travesía. Yo no los he visto nunca

Puerta de Jerez, Tarifa

Si la distancia que nos separa en el estrecho es corta, la DISTANCIA (en mayúsculas) entre aquí y allí es grande.  Se hace patente nada más desembarcar, antes siquiera de pasar la aduana. Los escasos doscientos metros que hay entre el barco amarrado y el otro lado de la verja de la aduana pueden ser cosa de entre una y dos horas. Y no depende necesariamente de la cantidad de vehículos que haya por delante.

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May 08 2008

Marruecos: Tan cerca y tan lejos.

Hace unas pocas semanas, en vísperas de mi último viaje a Marruecos me preguntaron: ¿Por qué otra vez Marruecos? Y la verdad es que me quedé un poco desconcertado, no supe qué contestar. Se me agolparon un montón de imágenes y recuerdos de viajes anteriores que como en otras ocasiones, me generaron la necesidad irremediable de querer volver. Ideas que no pude transformar en palabras. Ahora, con la tranquilidad de quien está de regreso voy a intentar descifrar algunas de las claves de porqué quien va, repite.

África. Su simple mención evoca misterio, grandiosidad, exotismo, recursos naturales, lejanía, verdes valles, llanuras resecas, culturas muy alejadas de la nuestra, restos coloniales… Todo ello podría pensarse que sólo al alcance de unos pocos privilegiados, pero no. La realidad es que todo eso y más se encuentra a tan solo 14km de nuestra península. 35 minutos en ferry si uno viaja en su propio coche desde Tarifa o Algeciras a Tánger. Apenas 2 horas de avión para llegar desde Madrid o Barcelona a Marrakech o Casablanca.

En la sombra de una acacia

Viajar en coche aportará la libertad de movimientos de salir de los circuitos turísticos sobre todo si el vehículo es un 4×4. Experimentar la sensación de la conducción “tridimensional” entre las dunas de finísima arena o la sensación de soledad recorriendo cientos de Km en las Hamadas del sur (inmensas llanuras abrasadas por el sol). Contando como única ayuda algún mapa y el casi imprescindible GPS. Ofrecerá la sensación (por supuesto irreal) de estar descubriendo parajes nunca antes vistos por el hombre. Recorrer las pistas del Atlas en ocasiones a más de 3.000m de altitud, cruzando pueblos bereberes sin luz, teléfono ni agua corriente donde sus gentes están acostumbradas a subsistir con apenas nada, nos hará reflexionar acerca de nuestra sociedad y de lo superfluo de casi todo lo que nos rodea.

En el desierto de Chegaga

En las grandes ciudades imperiales: Fez, Meknes o Marrakech entre otras, conviven la cultura tradicional y el empuje de la modernidad. Perderse en la medina, es una experiencia única. Es un viaje en el tiempo. Los olores, sonidos, comercios y artículos deben ser muy parecidos a como eran hace dos o tres siglos. Entrar en un bazar puede ser como entrar en la cueva de Alí-Babá, encontraremos miles de objetos más o menos bonitos y en un estado de conservación más o menos aceptable. En este último viaje un comerciante con mucha sorna salió a nuestro encuentro y nos espetó en perfecto castellano: “Eh amigo, ¿Qué quieres? Una chorrada o una chorradita. Tengo de todo”. Y así era. Si el viajero se decide a comprar algo, que no se olvide regatear con el precio, es lo que se espera. A quien le guste negociar, seguro que pasa un gran rato.

Paseando por la Medina de Marrakech

Allí el tiempo corre más despacio que en occidente, “prisa mata, amigo” suelen decir cuando nos ven a algún europeo nervioso por salir o llegar a algún lado. Desde el mismo instante que se pisa la aduana a la llegada, el viajero se dará cuenta que tienen todo el tiempo del mundo, que no merece la pena agobiarse con el reloj. Lo mejor es adaptarse a su ritmo y observar, que siempre se aprende.

Otra cosa que sorprenderá al visitante será la cantidad de niños que hay por todas partes, en las ciudades, en los pueblos o en mitad de la nada. No siempre resulta fácil digerir ver como se acercan los niños corriendo montaña abajo al encuentro del coche que pasa, a veces descalzos. Afortunadamente el país está cambiando, están llevando la luz eléctrica y las carreteras a buen ritmo a pueblos muy perdidos en mitad de Atlas. Los que están más al sur, próximos a la frontera con Argelia aún tendrán que esperar pero acabará llegando. Es un pueblo fuerte, resiste las extremadamente frías temperaturas de las montañas y los asfixiantes calores del verano en los desiertos. Aún así siempre se les encontrará dispuestos a sonreír y a demostrar su hospitalidad con el viajero.

img_7134.jpg

Próximamente iniciaré una serie de Post titulada “Viajar en coche por Marruecos” que irá desgranando rutas, anécdotas y experiencias de viajes por ese maravilloso país realizados por AtraccionTotal con la colaboración de Nomaders.

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