Esta semana he leido varios artículos de viaje sobre los Templos de Angkor, en Camboya, y me ha llamado tanto la atención que creo merece la pena repetirse y hablar una vez más de este destino.

En el noroeste de Camboya, a 300 km de su capital Phom Penh, se encuentra la capital del antiguo Imperio Khmer (Jemer), Angkor.
Escondida durante siglos en medio de la selva, ha estado totalmente aislada del mundo occidental hasta que en el año 1.860 fue descubierta por misioneros franceses. Declarado en 1992 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, el conjunto arquitectónico de Angkor se sitúa, a lo largo de casi 200 km2.
Más de 100 templos conforman todo este conjunto, de los que destacan los grupos de templos de Angkor Thom, Ta Prom y Angkor Wat:
- En Angkor Thom se encuentra el templo Bayon, que cuenta con un foso de 100 metros de profundidad y 12 km de extensión, que protegía a una población de cerca de un millón de personas.
- El Templo de Ta Prom es el único que no ha sido restaurado: la naturaleza ha ido ganando terreno y los árboles, con sus enormes raíces que invaden los monumentos, forman ya parte del conjunto escultórico.
- El más representativo de todo el conjunto es el llamado Angkor Wat, dedicado al dios hindú Visnu. Se calcula que para la construcción de este templo se empleó la misma cantidad de piedra que para la construcción de la gran pirámide egipcia de Keops, en Gizeh. Se emplearon 30 años en su construcción. Cuenta con el mayor bajorrelieve del mundo, que narra historias de la mitología hindú. Todo el conjunto ocupa dos kilómetros cuadrados, y es el mayor templo religioso del mundo.
Desde el año 1.908, el Conservatorio de Angkor es el responsable del mantenimiento de los templos, dependiente del Gobierno de Camboya. La guerra civil que durante 30 años vivió Camboya en los años 70, no dañó mucho a los templos y numerosas estatuas fueron trasladadas a museos para su protección.
Los templos en la actualidad están siendo restaurados con la colaboración de arqueólogos de todo el mundo, pero he aquí un consejo para el visitante, y es que vaya siempre en excursiones guiadas a los templos de Angkor y que no caiga en la tentación de pasearse a su aire: no hay que olvidar que la guerra ha dejado recuerdos en Camboya y hay que resistir a la tentación de perderse por la selva, de entrar en los santuarios abandonados, buscar las estatuas medio enterradas sin el acompañamiento de un experto.