Dic 15 2009

A veces, para ser humano, hay que posicionarse

Siempre he pensado que viajar era una de las actividades más enriquecedoras de la que cualquier persona puede disfrutar, una de las experiencias más formativas en la vida. Cada viaje nos espera para aportarnos algo de valor, sea cual sea el tipo de viaje que inciamos, siempre nos ofrece la oportunidad de conocer sitios, personas y costumbres diferentes.

Hace  un par de semanas me regalaron un libro, Tres tazas de Té, que me me dispuse a leer en cuanto pude, llevado por la atracción de un relato de un viaje que cambió y  está cambiando la vida de muchas personas.

Tres Tazas de Té

Greg Mortenson, inició un viaje con la intención de escalar el k2, y de ese intento fallido de ascensión surgió una misión humanitaria tan bonita como difícil, a partir de la promesa de volver a construir una escuela para aquellos que le habían recogido perdido en el descenso a la montaña más peligrosa del mundo.

Pero el libro no es sólo la historia de la gran causa humanitaria que Greg Mortenson está llevando a cabo y que hoy lleva construdidas más de 50 escuelas para niños y niñas en la región del mundo dominada por los talibanes.

El libro es un delicioso paseo por las costumbres de los habitantes del Baltistán, en el Himalya Pakistaní, que cualquiera que conozca la forma de vida de pueblos musulmanes de zonas recónditas reconocerá facilmente y que permite comprender el porqué de muchas de ellas. La diferente concepción del tiempo y las distancias,  la paciencia es una de sus mayores virtudes: “la espera es un rasgo tan caraterístico de su forma de ser como lo era el respirar el denso aire de aquellas altitudes. Esperaban cada año durante seis meses, en habitaciones axfisiantes por culpa del humo que desprendían las hogueras de excrementos de yak, a que el tiempo recuperase las condiones necesarias para salir al exterior.”

El valor del tiempo se vuelve relativo en esas condicones: “¿A qué distancia está Khane?, muy cerca, a tan sólo tres o siete horas”, una respuesta que le resultará familiar a cualquiera que haya recorrido mínimamente el cercano Atlas Marroquí, “la prisa mata, la pachorra remata”.

Pero si hay algún rasgo representativo de estos pueblos, a pesar de la dureza de las condiones a las que están sometidos, es la hospitalidad, independientemente de las religiones y costumbres: “La primera vez que compartes el té con un balti, eres un desconocido. La segunda vez que tomas el té, eres un invitado especial. La tercera vez que compartes una taza de té, pasas a ser parte de la familia, y por nuestra familia, estamos dispuestos a hacer lo que sea, hasta morir.”, le dijo a Haji Ali, el “jefe” de la aldea de Korphe, donde Mortenson construyó su primera escuela.haimaatlas2

Esta frase en particular me trajo a la cabeza el primer viaje que hicimos al Atlas Marroquí con nuestros coches un grupo de amigos y parte del equipo de Nomaders, cuando intentando atravesar un cañón para acceder al alto Atlas, se nos hizo de noche, y decidimos dejarlo para el día siguiente. Desorientados en la oscuridad estuvimos dando vueltas en una altiplanicie a más de 2.000 metros, nos encontramos con unos niños algo asustados, ya que en esa zona hay muchos perros salvajes. Vinieron corriendo hacia nosotros completamente descalzos por el pedregal en el que estábamos y con gestos nos invitaron a acompañarles.

Eran los hijos de una familia de pastores nómadas que tenían estabecida su haima muy cerca de dónde nos habíamos perdido. La mujer nos invitó a entrar y atentamente nos sirvió una tras otra tres tazas de té, junto con el pan que elaboran en la zona, acompañado siempre de las contínuas sonriras y cara de felicidad con las que se dirigían a nosotros. De un simple golpe de vista se podían apreciar todas las posesiones familiares entre las que estaban el té y el pan que compartían con nosotros.

Nunca en mi vida me he sentido recibido con tal afecto y desprendimiento, fue una experiencia que cambió mi forma de entender qué significaba la generosidad.haimaatlas1

Solemos, en nuestra cultura, decir que alguien es generoso cuando nos invita o comparte con el resto, pero implícitamente siempre se trata de lo que nos sobra, invitamos a comer no con nuestra comida, nuestras necesidades básicas están cubiertas de sobra y a partir de ahí comienzan nuestros actos de generosidad. En estas zonas del mundo te das cuenta que cuanto menos tiene la gente, sus actos de generosidad son más cercanos al compromiso real con el otro. Mortenson se posicionó del lado de los baltis, en la misma proporción que ellos lo hicieron con él, cada cosa que le ofrecían se lo quitaban para ellos.niaoropaatlas

Eso mismo nos pasó a nosotros, y hemos tratado a veces de devolver una parte de lo que nos dieron, desde entonces volvemos todos los años, sin embargo creo honestamentamente que en nuestro caso la respuesta no está siendo proporcional.

Ojalá viajar sirva a más gente para, sin llegar a la posición de extremo compromiso, casi heróico de Mortenson, tomar posición en la vida, y así ayudar a quién más lo necesita, empezando por ser más tolerates con culturas y costumbres distintas a la nuestra.

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1 comentario »

  1. Había oido hablar de este libro, ahora ya no tengo excusa para no leerlo.
    Saludos
    M.Eugenia

    Comment por Intentando recorrer el mundo — Diciembre 16, 2009 @ 12:35 pm

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