Pamukkale: Cuando la naturaleza se convierte en arquitecto
Al suroeste de Turquía, concretamente en el valle del río Menderes, donde se disfruta de un clima templado la mayor parte del año, se encuentra Pamukkale. Quiere decir ‘Castillo de algodón’, sin embargo, no se trata de ningún castillo: consiste en una serie de formaciones calcáreas que han dado lugar a una curiosa morfología.

Desde lejos, Pamukkale da la impresión de una serie escalonada de cataratas fosilizadas. Si nos acercamos, vemos que el agua, vertiéndose estanque a estanque, forma inmensas caracolas de roca calcárea, de una blancura azulada y de una tremenda belleza.
El origen de este prodigio son los manantiales calientes que brotan constantemente del interior de sus suelos calcáreos: desde la época antigua esta localidad ha sido conocida por sus fuentes termales. Una serie de cascadas naturales provocaban la peregrinación de miles de personas para sanar sus dolencias, dada la composición curativa de sus aguas. El agua termal brota a una temperatura constante de 35º, vertiendo un caudal constante de 240 litros por segundo. Esta agua se utiliza para el tratamiento de distintas enfermedades.
Antes de ser declarado Patrimonio de la Humanidad, Pamukkale estuvo muy descuidado durante las últimas décadas del siglo XX: cuando la UNESCO le dirigió su atención, el lugar estaba perdiendo su atractivo. Entonces se intentó restaurar: para que las zonas que se habían puesto de color parduzco se blanquearan al sol, se evitó que estuvieran cubiertas de agua, razón por la cual muchas pozas permanecen vacías. Siguiendo un programa establecido, unas zonas de la parte superior de la colina se llenan de agua y se abren al público.
El amanecer y el atardecer son momentos únicos: el sol cayendo tras las pequeñas cascadas, hacen que este lugar sea un verdadero paraíso.

Una interesante oferta de hoteles en Pamukkale corona este idílico lugar, aunque puede ser muy buena opción reservar Hotel en Estambul y, desde allí a solo 200 kilómetros se llega a Denizli, en las mismas puertas de Pamukkale (y está bien comunicada por la red de autobuses turca).
Pero lo interesante de este curiosísimo lugar no sólo radica en las formaciones calcáreas. En la cima de este paraíso de otro planeta se ubican las ruinas de la antigua ciudad de Hierápolis, que también pueden recorrerse. Dado que la zona sigue activa tectónicamente hablando, la ciudad de Hiérapolis, una de las más antiguas del país, ha sufrido numerosos terremotos por lo que su estado actual dista enormemente de lo que tuvo que ser durante la antigüedad.











En plena época de pronósticos para la temporada turística que ya ha empezado, desde
Desde 


Cada año, miles de personas se reúnen en Medellín en torno a la Feria de las Flores , al recuerdo y los valores de toda la región antioqueña que celebra el florecimiento de la raza y sus costumbres; de la vida misma de la región.
Una silleta puede llegar a pesar hasta 70 kilos y medir hasta cinco metros de altura con un diámetro similar. Algunos tipos de flores con que se elaboran son: pinochos, lirios, claveles, agapantos, chispas, girasoles, tul de novia y gladiolos. Desde pequeños los silleteritos comienzan a cultivar el amor por su tierra llevando silletas adecuadas a su temprana edad. Dicen que ante todo se requiere capacidad para asombrarse ante la belleza de las flores y una mirada de niño para hablar con ellas y participar de su mundo (eso me recuerda mucho al